(Basado en un caso verídico)

Luego de haber visto a 3 británicos intentar recorrer Vietnam de norte a sur en moto, ver sus desventuras, los paisajes y los distintos lugares donde paraban, nos quedó picando el bichito. Después de ver algunos volantes y algunas motos cargar mochilas, el bicho picó mucho más.
Para manejar moto en Vietnam los policías piden un permiso de moto. Esto no es usual en las ciudades, ya que todos manejan y hay muy poca policía. En las rutas y teniendo ojos redondos no iba a ser tan sencillo. Teniendo en cuenta esto y la poca experiencia en moto como para salir a la ruta de ambos, pensábamos que iba a ser imposible cumplir con la experiencia.
Por suerte nuestro amigo de Hue y su familia nos dieron una mano, ellos alquilaron unas motos y nos hicieron de guías. Llevaron nuestras mochilotas y nos ayudaron en el servicio puerta a puerta. Cayeron a las 8am con las motos y se las llevaron de vuelta a la tardecita/noche a Hue.
Lo que más rescatamos fue haber podido ver y conocer lugares que de haber realizado el trayecto en micro no hubiéramos podido conocer. Algunos lugares que vimos (y después pasaremos a relatar un poco fueron).
- Hue Rural.
- La catedral de budismo.
- Zona de batalla.
- Montaña de mármol
- Da-Nang
El camino de Da-Nang, es conocido como el camino de las 1000 curvas, no las contamos, pero estamos convencidos que son 1000 o más.
Ahora a las descripciones :)
Hue Rural
A las afueras de Hue nos encontramos con la Vietnam que no conocíamos, una versión del país mucho más real, menos turístico, mucho más pobre. Los arrozales, los mercados llenos de alimentos y nada de ropa, calles de barro, mucho barro.
Llegamos a un pequeño puente de madera techado de más de 230 años, que nos pareció bonito, pero lo más atractivo fue girar la cabeza y encontrar un mercado local lleno de las mujeres vendiendo lo que habían recolectado. Olores que invadían todo. Colores que nos llenaban los ojos. Y como nos dijo una vez una gallega (gracias Eva) amiga “El pescado fresco, no tiene olor”. No tiene olor, pero la sangre que sale de ellos es mucha. Puaj! Desde ver destripar a pescados y patos hasta conocer por primera vez como son las zanahorias cuando salen de la tierra, o sea, llena de tierra y con hojas verdes arriba, la variedad del mercado “posta” era preciosa. No había ningún otro turista, solo nosotros. Nuestra guía Chuy nos dijo: los mercados son bien distintos, los precios son bien distintos y las calidades de los alimentos son bien distintas a la de la ciudad. Y el contexto también.
Ayyy los arrozales! Los arrozales! Y eso que estaban sembrando, Chuy nos contó que se ve mucho más lindo cuando el arroz está maduro que pasa a un color más amarillento… los arrozales y los sombreros cónicos! Tienen un aura particular, tienen un encanto total. Igual que la gente de acá.
La catedral del budismo
Girando por la ruta por un camino de tierra colorada de alrededor de 2 metros de ancho con suerte, luego de andar un buen rato en bajada, llegamos a un lago en el medio de las montañas. Agua verde como pocas. Nos tomamos un barquito, bien diferente a los de Ha Long, con hamaca paraguaya colgada que parecía cumplir función de cama
del tipo que manejaba el barquito, nos mandamos al lago.
A los diez minutos de navegar, nos encontramos con un buda muy grande de piedra en una isla. Muy grande el buda, y con una escultura deliciosa. El día estaba bastante gris, así que la combinación de bruma, garúa, agua verde, humedad y el buda grande, parecía una película… pero tocamos el agua y mojaba. Era real. Después de unos minutos más, llegamos a puerto, o sea, el barquito se deslizó por la tierra colorada de algún lugar y ahí nos bajamos. Mientras seguíamos mirando al buda, que a esta altura era mucho más alto de lo que lo veíamos al principio, Chuy nos dice: para el otro lado, para el otro lado.
Giramos la cabeza, y de pronto aparece un arco de formas chinescas pagodescas y una escalera alta alta. Nosotros le preguntamos, vive alguien aca? Y nos dice, “claro, los monjes”. Subimos la escalera de cerca de 172 escalones y llegamos. Guauuuu. Uno de los lugares más preciosos que vimos. Un templo con un buda dentro, los instrumentos musicales, y en cuadros, la historia de cómo buda llegó a ser buda. Saliendo hay unas calles, otras construcciones y una campana de cerca de dos metros y medio de bronce con escrita en chino y vietnamita en relieve. Dentro de la campana la gente pegaba un papel con sus deseos para que cuando se toque la campana, sus deseos vayan al cielo.
Nos miramos. La verdad que si era posible, nos hubiera gustado quedarnos unos días ahí. Nos comentaron que los monjes son vegetarianos y que solo una vez al mes van al mercado a comprar cosas para alimentarse. Había un grupo de ellos arreglando una huerta y otros jugando a la pelota. Increíble! Todavía no podemos creer que hayamos estado ahí. Para hacerse una idea del lugar, los que vieron Kill Bill II, es un lugar casi igual a donde vivía Pai Mei.
Zona de Batalla y Bunker Yanqui
A lo largo del trayecto, estuvimos en dos puntos donde transcurrió la guerra de Vietnam o Americana. Por acá es “the american war”. Otro camino muy angosto de tierra colorada y llegamos a un lugar con una vista magnífica, frente las colinas y el río Perfume, y por detrás lleno de pinos. Estábamos tan maravillados con la vista que no podíamos imaginarnos una batalla allí. Un lugar de ensueños, Chuy y su papá nos contaron que allí se había librado una de las batallas centrales y que la habían ganado ellos debido al conocimiento del territorio. No por túneles subterráneos como otras batallas sino por conocer cómo cruzar un río sin que los vieran y por donde están los pinos más gruesos que permiten esconderse detrás.
El abuelo de Chuy peleó en la guerra, le preguntamos si no le molestaba que hubiera tanto turismo yanqui, y nos dijo, “no, porque hay personas buenas y personas malas, ahora Vietnam y EEUU son amigos, desde la Reforma Vietnam es amigo de otros países”. Nosotros nos quedamos con la boca abierta, si nos irrita ver a tanto yanqui dando vueltas por acá, sin ser de acá, imaginábamos otra respuesta. Fuimos haciendo esta pregunta a cuanto paisano pudimos, y la respuesta siempre fue la misma. Incluso nos contaron que algunos vietnamitas eliminaron a otros por tener la piel diferente (blanca y no amarilla).
Después de un rato largo de andar fuimos a un bunker americano. Era un bunker que fue abandonado durante la guerra y tenía una gran cantidad de agujeros de bala. Desde el bunker la vista era privilegiada, más que un punto estratégico podría ser un punto fotográfico, se veían ambos pueblos desde arriba de la montaña. La vista a la costa era increíble. Y antes de ser un bunker, era parte de la citadela imperial. Se veía la construcción onda pagoda, con las puntas en alto, y en las paredes los agujeros de las balas.
Antes de hacer el recorrido en moto, Yin, el hermano de Chuy nos llevó a un lugar que también nos pareció hermoso con una vista panorámica privilegiada. También pagodiense, fue otro bunker yanqui. Ahora lo usan los muchachos que usan drogas por vías inyectables para estar. Pudimos ver jeringas en el piso y el guía nos pidió que no habláramos alto por si alguno estaba durmiendo, igual nos dijo que no nos hagamos problema, que todo era tranquilo. Increíble cómo cambia la percepción de un lugar a partir de los usos que de él se hagan. Era un lugar precioso, nosotros estábamos cámara en mano, pero antes que nosotros lo descubriéramos, lo habían descubierto muchos otros con muchas otras cosas en las manos.
Montaña de mármol
Existe un grupo de 5 montañas en Da-Nang que según dicen los chinos, reflejan a los 5 elementos (Agua, Aire, Fuego, Tierra y la colorada de la peli). Una de las montañas el llamada la Montaña de mármol. En realidad es la única del conjunto que NO da más mármol.
Hoy en día está hueca y en sus cavernas tiene budas de piedra que imponen respeto al ingresar. Una vez ingresados y luego de inspeccionar la caverna nos encontramos con un hueco al cual decidimos seguir. Avanzando entre la oscuridad y con muy poco espacio subimos y salimos a la cima de la montaña. Nos sentimos muy bien de encontrar eso como perla de la montaña.
Al bajar paseamos por los distintos negocios que había al pie de la montaña, adivinen que vendían .. mármol.
En realidad vendían esculturas de mármol de todo tipo, color, diseño y tamaño. Desde un tigre chino que entraba en un dedo, hasta un Buddha de 3 metros de alto, pasando por unos leones enormes con pinta de telo ochentoso.
Después de mucho pensarlo, decidimos que no era una buena idea vender el auto para cargar un Buddha de esos en la mochila, y que el sobrepeso se iba a sentir en el ciático. Así que volvimos a ponernos los cascos y camino a Hue.
Da-NangDa-Nang fue la posta para parar a comer. Nos recomendaron un lugar que decían que era rico, limpio y barato. Nos ayudaron a pedir para no recibir tarifa de turista. Lo cual nos sorprendió. Los precios eran accesibles, y el arroz con pato estaba rico ;)
Después fue poco lo que vimos de Da-Nang ya que veníamos muy cansados de andar en moto tantas horas, así que más que nada nos dedicamos a atravesar la ciudad con las motos. Cuando la volvimos a ver de noche, nos dimos cuenta que era una ciudad a todo culo. Una serie de cadenas hoteleras que harían sentirse chiquitos a cualquier hotel que hayamos visto alguna vez. Muchas luces, muchos autos de alta gama. No por nada es una de las ciudades más importantes (polo industrial y puerto).
Hoi An
Llegamos!!!!!! Increíble viaje, bastante adrenalina por las curvas, por cruzar las ciudades que no tienen semáforos, por las vacas que se nos cruzaban por el camino, por los posos, por los camiones que nos pasaron finito, por la lluvia durante el trayecto, por el frío. Nada de esto supera a la hermosa sensación que nos quedó después de haber conocido otro Vietnam. Haber visto cosas increíbles y haber cumplido una de esos sueños que uno sólo podría imaginárselos en la tele británica. Y que se fue convirtiendo en sueño a fuerza de realidad. Si los 3 ingleses llegaron, si el tipo que estaba subiendo a la moto cuando llegamos a Hue seguro que llegó. Por qué no íbamos a poder hacerlo nosotros?
Nunca habíamos imaginado ni deseado hacer este viaje en moto, y sin embargo fue de esas sorpresa que te dejan con esa sensación de calma de haber hecho lo que tenías ganas y cuando pintó.
Gracias Adri por mostrarnos algo que nos inspiró a la aventura.
"
Y Papi, estuve todo el trayecto pensando en vos y en lo que me dirías, por eso no te conté antes." (Anita)